Cuando terminé de entrevistar a Javier Urra, salí a dar un paseo con la certeza de que el mundo no es un lugar tan oscuro como nos lo han pintado. Urra es psicólogo, ha escrito más de 87 libros, fue el primer Defensor del Menor en España y es una de las personas que ha conocido a más personas violentas en el mundo. Personas que hicieron daños irreparables a otras. Y, sin embargo, cree firmemente que vivimos en un mundo cada vez mejor.
Precisamente en estos tiempos, en los que todos nos llevamos las manos a la cabeza alarmados por situaciones como las que representan la serie Adolescencia, que ha puesto a Netflix en el centro de la conversación pública, sus palabras son más necesarias que nunca.
Aunque en esta entrevista no hablamos solo de su experiencia con adolescentes. El psicólogo nos revela también algunas de sus claves para ser feliz o, al menos, tener un gran bienestar en la vida. Reflexionamos, así, sobre el amor, las pantallas, la educación, los valores, la violencia y la psicología. Todas ellas, especialidades de este gran psicólogo que ha dejado un gran legado al mundo.
¿Qué necesitamos para ser felices?
-En su experiencia como profesional y como persona, ¿cree que existe un secreto de la felicidad?
No creo que en la vida, la búsqueda deba ser la felicidad. Creo que la última pregunta de la vida es, ¿para quién he vivido? Y esa da respuesta a, ¿mereció la pena?
Otra cosa es el bienestar. Creo que hay momentos en la vida que uno es muy feliz. Suele ir muy de la mano del amor: amor de hijo, amor de madre, amor de pareja, amor a la vocación profesional. Eso genera una gran felicidad. Pero hay momentos de desamor, de pérdidas, de duelo, de sufrimiento. Por lo tanto, a tu pregunta: no creo que la felicidad sea la palabra esencial. Creo que la palabra esencial es compartir, compartir la vida. Creo que lo importante no es el yo, sino el tú. Los otros.
Y luego, mi posicionamiento en la vida es ser simpático, trasladar optimismo, generar esperanza en los demás. No a mí mismo conmigo: lo importante son los demás.
Yo ahora vengo del Café Gijón. En el año 92 pusimos en marcha una tertulia que se llama Justicia Impropia. Nos reunimos el primer jueves de cada mes, y ahí se dialoga, se debate, se discute desde el cariño, desde la palabra, desde el respeto. Mañana a las 7:30 h viajo a Reynosa. Me voy a encontrar con jóvenes de un instituto de educación secundaria. Vamos a echar el día. Yo ya tengo 67 años, dos infartos, seis stent en el corazón. Me parece precioso porque voy a aprender mucho. Les voy a enseñar bastantes cosas, voy a aprender mucho más, y cuando vuelva en el tren, tomaré buena nota de lo que me digan. Pasado mañana viajo a Barcelona como invitado para una tertulia, y vamos a hablar de los mal llamados “menas”, de los menores no acompañados de Algeciras y de Marruecos.
Yo creo que la vida es un lujo y me parece esencial centrarse en ser agradecido. Agradecido a los que nos han antecedido, a los que nos acompañan y a los que nos continuarán.
-Muchos dicen que vivimos en una sociedad cada vez más egoísta e individualista, ¿qué opina usted al respecto?
Bueno, yo soy una de las dos personas en España que ha visto a más asesinos y violadores. Quiero decir que yo he visto las partes más duras de la vida. Sin embargo, no estoy de acuerdo cuando se dice esto de que estamos en una sociedad individualista. Yo no lo creo. Para nada.
A nivel mundial, el mundo ha mejorado. Hay muchísimas menos guerras. Tenemos Ucrania y Rusia, tenemos Palestina, tenemos Siria... Nada que ver con la historia. Hemos acabado casi con la malaria, con el paludismo. Hemos generado tomas de agua en casi todo el mundo. Mis amigos son encantadores.
Cuando yo dejé de ser Defensor del Menor, creamos la Fundación Pequeño Deseo. Estamos en la calle Ibiza número cuatro, cuarta planta, muy cerca del hospital Niño Jesús. Llevamos más de 8000 pequeños deseos. Pequeños deseos es que un niño nos pide ir a Egipto. Y hay que preparar un avión medicalizado, hay que hablar con un embajador por si hubiera una repatriación de un cuerpo. Los niños quieren a veces ir a nadar con delfines, o quieren estar en el despacho del presidente del Gobierno, o quieren que venga un gran artista. La respuesta es que, de los más de 8000 deseos, cuando hemos llamado para pedir ayuda, todos nos han dicho que sí. ¿Quién nos apoya económicamente? Los ciudadanos y empresas que jamás vamos a decir quiénes son. Por lo tanto, esa idea de que somos muy individualistas… Oye, yo es que creo que eso son tópicos. No, no lo veo.
Amor y violencia
-Muchos estudios apuntan, entre ellos incluido el Estudio del Desarrollo Adulto de la Universidad de Harvard, que las relaciones sociales son el mayor predictor de bienestar del ser humano. ¿Qué podemos hacer para tener relaciones sanas?
El ser humano busca el amor. Amor, que no es poseer. Yo soy uno de los 52 expertos del Pacto de Estado contra la Violencia General. Una cosa es querer, como yo quiero tener más libros antiguos, porque tengo una muy buena colección de libros antiguos. Luego está poseer, yo poseo mi pluma, el cepillo de dientes y poco más. Pero no, yo no poseo a mi mujer, ni a mis hijos. No, yo no poseo a mis nietos, no. No, yo no poseo a mis 134 trabajadores.
Hoy en día la sociedad confunde amar con sexo. El sexo es una maravilla, pero se puede pagar. Es bastante denigrante, pero, sobre todo, es sexo sin amor. Se puede tener amor sin sexo, pero lo que es ideal es amar y tener sexo con quien amas. Eso ya es lo mejor. Y al final, la vida en gran medida es a quién amas. A los padres, a los abuelos, a mi pareja, a los hijos. Por eso hay que educar para que no se convierta el amor en odio. El amor y el odio están mucho más cerca de lo que parece. Esto es como si coges un tubo de pasta dentífrica. Tú abres, y sale la pasta dentífrica, pero es muy difícil volver a incorporarla. Uno debe tener un cortafuegos.
Si amo a una persona, jamás le diré "zorra", "perra", "cerda", porque la estoy animalizando. Jamás le voy a levantar la mano. Jamás. Jamás la atacaré donde le hace más daño. Otra cosa es que discuta con ella.
Esto es importante. Yo ahora, cuando acabe la entrevista, cogeré mi coche y primero me pondré el cinturón de seguridad. ¿Para tener un accidente? No, para, si tuviera un accidente, minimizar los daños.
Entonces tenemos que educar a los niños, sobre todo a los varones, en la ruptura. Hay que educarlos en un juego muy difícil. Muy difícil. Y consiste en que hay que ponerse en el lugar del otro. Y yo que doy clases en Medicina, en Psicología, en Enfermería… casi todos son alumnas. ¿A usted le parece mal? Sí, me parece mal. ¿Que haya más mujeres? Estupendo. ¿Que no haya hombres? Me preocupa. Porque entonces el afecto, el cariño, la ternura, el cuidado... pierden valor. Y por eso vivimos los repuntes de violencia.
Por cierto, la gente dice: el varón es violento con la mujer. El varón es violento. Punto. Contra sí mismo: se suicida ocho veces más que la mujer. El varón es violento contra otros hombres. O sea, en la calle, ¿quién tiene peligro de que te claven un arma? El varón. Sí, hay varones que son muy agresivos con las mujeres. Pero no podemos decir "el varón es violento con la mujer". No. El varón es violento contra sí mismo, contra otros iguales, y también, sí, contra la mujer.
-Precisamente sobre el repunte de violencia, da la sensación de que últimamente hay mucha violencia entre adolescentes. ¿Cuál es su diagnóstico de este repunte de violencia entre menores?
En el tema de menores, que es a lo que yo he dedicado toda la vida, hay menos delitos. Pero sí que hay más violencia filio-parental, más agresiones contra los padres, normalmente contra la madre. Normalmente un varón contra la madre, que tiene mal pronóstico. Porque claro, si tú agredes a tu madre, es posible que el día de mañana agredas a tu pareja.
Y luego, otro tema que se nos está disparando es la agresión sexual. A veces en grupo, desde el caso de Pamplona, de La Manada, etcétera. ¿Cuál es la razón? Bueno, posiblemente porque no se enseña lo que es el cariño, lo que es el respeto, lo que es el "no". El afecto, qué le gusta al otro. El amor es hacer que el otro esté feliz. No importa tanto el "yo", es que el otro esté feliz.
Claro, si un niño de 11 o 12 años está empantallado, viendo una pornografía muy violenta, puede llegar a concluir —si sus padres no lo educan en lo que es el amor, el respeto, etc.— que a la mujer le gusta que la violenten, y que al final siente placer. Claro, si eso se interioriza, el riesgo de que lo lleve a efecto es muy alto.
Tenemos que prevenir. Porque luego la gente está siempre con "cambiemos la ley del menor" y tal. Pero vamos a ver. Esto es como creer que va a haber menos muertos en las carreteras porque mejoremos los hospitales. Me parece estupendo mejorar los hospitales, pero para que haya menos muertos en las carreteras, los coches tienen que ser más modernos. La gente tiene que saber conducir, tiene que cumplir las normas. La gente no tiene que consumir psicofármacos u otro tipo de sustancias, o alcohol. La gente tiene que ser respetuosa. Es así como desde la educación se mejora la sociedad, y no poniendo una sanción mayor.
Es una sociedad esta en la que cada vez tenemos más guardias jurados, cada vez tenemos más cámaras de seguridad. No. A mí eso no me tranquiliza. A mí me tranquiliza que la gente tenga ética. Y que tenga moral. Que se sepa conducir.
Psicología y autoayuda
-En alguna ocasión lo hemos escuchado batallar contra los libros de autoayuda, a los que califica de “libros de autoengaño”. ¿Por qué los considera tan nocivos?
No son libros serios, no tienen rigor. Se basan en una idea que amplifican en 300 páginas. Y sí, tienen una trampa, y es que se dirigen a gente que está depresiva, que tiene pensamientos recurrentes, y que además emiten frases que son muy bonitas. “Porque tú lo vales", eso es un anuncio. Bueno, yo miro a mi alrededor y creo que hay mucha gente que vale poco. Muy poco.
Hay gente que dice: "Bueno, es que hay que tener buena autoestima". Bueno, ¿pues usted qué ha hecho para tener buena autoestima? ¿Por qué va a tener buena autoestima si está todo el día tumbado y no hace nada? Yo no entiendo muy bien por qué tenemos que dar autoestima. No entiendo por qué en un colegio, si corren 25 niños, se da premio a los 25 si el último es un paquete y no corre nada. Igual luego un día puede hacer una buena obra de teatro. O no. Y si no gana ningún premio a lo largo de sus estudios, pues no pasa nada.
Hemos demostrado y comprobado que hay niños que son maravillosos en la infancia y luego en la vida son muy desgraciados y hacen muy desgraciada a su pareja, a sus hijos… Y gente que es normalita, que no destaca en nada, luego aporta mucho a la sociedad y, además, hace muy feliz a mucha gente. Por lo tanto, yo refuerzo al que trabaja y lo hace bien, sanciono al que hace las cosas mal, y me parece que así debe ser.
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