Las coles tienen algo en común: contienen compuestos azufrados que son los responsables del olor algo desagradable que se desprende durante la cocción y también de sus propiedades desintoxicantes, antiinflamatorias y anticancerígenas.

Además son muy ricas en nutrientes como la vitamina C (80 g de col cruda aportan 90 mg de vitamina C, toda la que se necesita al día), vitaminas del grupo B, provitamina A, ácido fólico, selenio, hierro, calcio, magnesio y potasio.

5 tipos de coles y cómo usarlas en la cocina

A continuación, te proponemos una lista de 5 tipos de coles e ideas para aprovechalas. ¿Con cuál te quedas?

Las coles en la cocina

Muchas de estas coles se pueden servir en crudo en ensaladas, como la coliflor o la col romanesco, o como crudités acompañadas de otras verduras y salsas para mojar. También se pueden añadir a sopas de miso, caldos y cremas al ir a servirlos.

Otras, como los repollos, la berza o la col de la olla se prestan más para potajes y caldos. Las variedades que se pueden consumir ligeramente cocidas (brécol, col romanesco…) son excelentes al vapor, estofadas, al papillote o salteadas brevemente.

Si se quieren texturas firmes bastan 10 minutos, mientras que para dejarlas más tiernas serán necesarios de 20 minutos a media hora.