Es impresionante descubrir, en los textos de los antiguos, frases que nos impactan mucho más que las de nuestros contemporáneos. Los pensadores clásicos y filósofos dejaron en sus obras testimonios sobre cómo aprender a vivir de forma plena, cómo enfrentarnos a la mentira y encontrar sentido. Echar una mirada a lo que pensaban de su mundo es una buena forma de comprender el nuestro, más individualista y acelerado.

Un ejemplo claro de ello es Confucio, uno de los más grandes pensadores de China, maestro y filósofo, que ha perdurado durante más de dos mil años en la cultura de este país y cuyas enseñanzas siguen siendo tan vigentes ahora como en el 470 a.C. Basta con prestar atención a una de sus citas más conocidas, un consejo que puedes aplicar a tu vida para vivir con plenitud y convertirte en tu mejor versión.

Un consejo con más de 2.500 años de antigüedad

Los buenos consejos son aquellos que perviven en el tiempo, y Confucio dio muchos que han trascendido generaciones. En esta ocasión nos referimos a uno especialmente poderoso, que parece más actual que nunca: “La vida es realmente simple, pero insistimos en hacerla complicada”.

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Puede que la frase te haga levantar la ceja, y es normal, puede sonar confusa al principio. Porque es muy probable que, desde tu perspectiva, la vida sea algo muy complicado. Tienes que levantarte todas las mañanas para trabajar, ser la mejor en lo tuyo y, al mismo tiempo, conservar suficiente tiempo para nutrir tus relaciones, cuidar de ti misma, limpiar la casa, hacerte cargo de tu familia y hasta de tener un hobby. Y eso sin mencionar la guerra, la crisis climática, la tensión política creciente y la amenaza de las nuevas tecnologías, los medios y las redes contra nuestra atención. Casi nada, ¿verdad?

Y aun así, el consejo de Confucio es indiscutible: la vida es muchísimo más sencilla de lo que parece, no es el único que lo asegura.

Distingue aquello que está bajo tu control

Posiblemente, una de las principales causas por las que la vida nos parece complicada, es porque nos la complicamos. Si te pasas el día preocupada por asuntos como lo que piensan de ti tus amigos, la forma en la que tu jefe valora tu trabajo o si habrá mucho tráfico cuando vuelvas a casa, estás cometiendo un error. ¿Sabes qué tienen en común todas estas cosas? Que no están bajo tu control.

 

Sobre esta idea de diferenciar lo que está y lo que no está bajo nuestro control nos hablaban otros grandes pensadores de la edad antigua: los estoicos.

Zenón, uno de los grandes pensadores de esta escuela filosófica, lo explicaba con una metáfora algo controvertida: “Cuando un perro está atado a una carreta, si quiere seguirla, la carreta tirará de él y él la seguirá, y su acto espontáneo coincidirá con la necesidad. Pero si el perro no quiere seguirla, la carreta lo obligará en cualquier cosa. Lo mismo ocurre con los hombres: incluso si no quieren, se verán obligados a seguir su destino”.

Es a lo que los estoicos llamaban: amor fati. Amar el destino. Y es, posiblemente, la primera medida que debemos tomar si queremos hacernos la vida sencilla. “Aceptar la vida tal como es nos hace vivir en paz” dice William Mulligan en su libro Ser un estoico.

Si dejas de preocuparte de lo que pensará tu amiga, tu jefe y del tráfico que habrá al volver a casa, tendrás espacio mental para afrontar el día con mayor energía y positividad. Esto no solo te permitirá vivir más tranquila (menos preocupación = menos estrés), sino que además te ayudará a convertirte en tu mejor versión. Una que es plenamente consciente de aquello que sí puede controlar en su vida.

¿Qué hacer ante la incertidumbre?

Puede que dejar de pensar en aquellas cosas cotidianas que no puedes controlar sea sencillo (aunque en realidad no lo es), pero las grandes incertidumbres del mundo moderno dan miedo, y nos impiden vivir con plenitud y simplicidad. ¿Cómo nos enfrentamos a ello? Tenemos que volver al continente de Confucio para encontrar una solución contemporánea a la suya. Nos la dio Siddharta Gautama, al que muchos conocen como Buda: vivir en el presente.

Suena banal, pero no hay nada más poderoso que conectar con el disfrute del presente para reducir la incertidumbre que nos acosa en estos tiempos modernos. Paula Arai, doctora en Estudios Budistas por la Universidad de Harvard y maestra zen lo resume en una frase sencilla y poderosa: “Disfrutar de la vida no significa no preocuparse, sino más bien hacer lo que se pueda conscientemente con las condiciones que se tengan en cada momento”. Según la experta, este sencillo cambio de perspectiva es “intrínsecamente una actividad sanadora y que produce alegría”.

Así pues, no se trata de dejar de preocuparnos por las grandes cuestiones del mundo moderno. Reciclar, vivir de forma consciente con los problemas de la actualidad e incluso realizar ciertos actos encaminados a la reivindicación, la justicia social y el activismo es profundamente positivo, porque nos conecta con el presente y con una comunidad. Pero eso no significa que podamos vivir constantemente angustiados por el porvenir. Debemos concentrarnos, una vez más, en lo que está bajo nuestro control.

Pasando a la práctica

La teoría puede ser sanadora. Por medio de la reflexión, desbloqueamos algunos de nuestros grandes miedos, tumbamos creencias limitantes. Pero es necesario pasar a la práctica si queremos generar cambios realmente significativos. Estas son algunas ideas sencillas que puedes poner en práctica en tu vida para simplificar tu existencia:

  • Haz una lista de lo que está bajo tu control y lo que no. Toma un papel y dibuja dos columnas. En una escribe aquello que depende exclusivamente de ti, como tus acciones, tus palabras y la forma en la que gestionas tus relaciones.
  • Practica el amor fati en tu día a día. Enfréntate a los desafíos diarios con una mentalidad estoica. Si algo inesperado sucede (un retraso en el transporte público, por ejemplo) pregúntate, ¿puedo cambiar esto? Si la respuesta es no, acepta la situación y busca la mejor forma de adaptarte. Quizá puedas usar ese retraso para dedicar un tiempo a ese libro que lleva semanas esperando en la mochila, para hablar con esa amiga que hace tanto extrañas o sencillamente respirar y reflexionar sobre tu vida.
  • Incorpora el mindfulness con pequeñas acciones. No necesitas sentarte a meditar durante horas para aplicar las enseñanzas del Buda. Simplemente, intenta estar presente en todo lo que haces. Disfruta del aroma de tu café por la mañana, saborea cada bocado de tu comida o presta atención a la persona con la que hablas. Descubrirás que la vida es mucho más simple de lo que pensabas minuto a minuto.
  • Simplifica tus rutinas. Muchas veces, complicamos nuestra vida con decisiones innecesarias. Reduce tus opciones en el día a día para simplificar tu rutina. Aplica el minimalismo a cada una de las esferas de tu vida. Organiza tu ropa el día antes para no perder tiempo eligiendo que ponerte, planifica tus comidas para la semana o elimina aquellas actividades que no aporten valor real en tu vida. La sencillez es un camino directo hacia la paz mental.
  • Aprende a soltar. Complicamos infinitamente nuestras relaciones interpersonales aferrándonos a aquello que no nos pertenece. Si una persona te hace un comentario negativo, recuerda que su opinión es suya, no tuya. No te aferres a críticas, expectativas ajenas o a la necesidad de controlarlo todo. Practicar el desapego te permitirá fluir con la vida de una manera más ligera y libre.

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